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lunes, 20 de marzo de 2017

LA IGLESIA, HERIDA Y ACORRALADA



LA IGLESIA, HERIDA Y ACORRALADA POR LAS DENUNCIAS
Artículo publicado en el diario El Tribuno el 26 de abril de 2010

Por Javier Cornejo

Jaqueado por las denuncias contra curas pedófilos que llegan de todas partes del mundo, Joseph Ratzinger dijo: «La Iglesia está herida y es pecadora».

El escándalo, grave y medular en sí mismo, hiere a la cristiandad en valores sustanciales, como la moral personal y el respeto a la inocencia de los niños.

Además, deja a lglesia expuesta a infinidad de andanadas frente a las que no sabe cómo responder.
¿Se estará produciendo una nueva «bisagra» en una velocísima mutación del imperio global del siglo XXI hacia un gobierno mundial que todavía desconocemos?

La historia de la civilización está construida por la sucesión de hechos y actos de la lucha por el poder y su transmisión a través de los siglos.

En el transcurso histórico existieron «momentos de inflexión» en los que aparentemente se tomaba un rumbo distinto, pero al cabo del tiempo constatamos que todo sigue igual.

El origen de nuestra historia occidental bien podemos centrarlo en el devenir del Imperio Romano. Hay un hecho que se destaca como un viraje crucial de la historia: el «golpe de timón» trascendente que dio ese asesino incestuoso que fuera eliminado del Santoral por Juan XXIII, el emperador Constantino. En los años 313 y 325 dictó el Edicto de Milán y convocó al Concilio de Nicea respectivamente, por los que el cristianismo pasó a ser la religión del Estado. A partir de allí, se transformó el cristianismo militante, perseguido, periférico, el de los primeros creyentes, y comenzó una «mutación» del imperio a través de un camino sin fronteras terrenales ni espirituales, a través de la catolicidad, la apostolicidad y la romanidad.

En las «bisagras» históricas, la inteligencia y profundos conocimientos de los involucrados son decisivos. En ésta, fue fundamental el ciudadano romano Saulo o San Pablo, quién a través de sus Epístolas posibilitó tal paso.

En ese tiempo todavía mantenían su independencia cultural: el Antiguo Testamento, los Evangelios (apócrifos o no), las Epístolas de San Pablo, los Hechos de los Apóstoles y las Homilías Clementinas. Entre ellos, existen innumerables y muy serias contradicciones.

Fue el padre de la historiografía inglesa, el monje británico Beda el Venerable (672-735), quien hizo una reedición de la Vulgata, formando una única Biblia coordinada de un solo volumen que constituyó la versión oficial de la cristiandad. Fue quien estableció la cronología fijando como año 0 (cero) la «encarnación del Señor» en calendario de «antes» y «después» de Cristo.

Partiendo de la fecha establecida por Constantino del 25 de diciembre, estableció las fechas de la Semana Santa de las que se derivan todas las demás de la liturgia cristiana (hasta ese momento se calculaba el tiempo desde la fundación de Roma).

Le sucede otro monje británico: Alcuino de York, quien fue el ejecutor de la gran reforma educacional promovida por Carlomagno. Al introducir los conceptos de «alma» en sus jerarquías de intelecto, memoria y voluntad integradas en la oralidad (verbo) a la Trinidad Divina. Aristotélico, opuesto a la concepción agustina y platónica, echó las bases de lo que luego fue el Common Law.

Sobre los pilares referidos, el poderío espiritual-terrenal del Vaticano llegó hasta nuestros días. Resulta llamativo que el papa Benedicto XVI, el 18 de febrero de 2009, presentara a la cristiandad, precisamente, a San Beda el Venerable en la Audiencia General de la Plaza de San Pedro; que hace poco tiempo firmase la aceptación de la Iglesia Anglicana en la filas del catolicismo; que recién venga de Malta de conmemorar el 1.950º aniversario del naufragio de Saulo cuando iba a Roma y que ya haya programado un viaje a Gran Bretaña e Irlanda, centro de las denuncias sexuales que está haciendo temblar la estructura clerical.


¿Y si Francisco fuera un impostor?
El papa Bergoglio cumple su primera "legislatura" como protagonista de una revolución mucho más cosmética que concreta
El papa Francisco, cuando fue elegido en 2013.
ALESSANDRO BIANCHI REUTERS | EPV
El principal mérito de Jorge Mario Bergoglio en estos primeros cuatros años de legislatura consiste en haberlo cambiado todo sin haber cambiado nada. Un ejercicio de prestidigitación que requiere la devoción de una sociedad crédula y sensiblera. No estamos en los tiempos de las verdades —no digamos ya las teologales—, sino en la época de las percepciones y de las sensaciones. Y a Francisco se le percibe y se le siente unánimemente como un revolucionario sin haber modificado un milímetro la doctrina de la Iglesia en los asuntos terrenales: ni comunión a los divorciados —los supuestos son excepcionales—, ni reconocimiento a los derechos de los homosexuales, ni compromiso con el peso de la mujer en la Iglesia, ni tolerancia normativa con el aborto, los anticonceptivos o la estirpe descarriada de los adúlteros.

Podrá objetarse que las leyes de la Iglesia están escritas en piedra. Y que no tiene sentido someterlas al calentón de los debates contemporáneos. El problema es que a Francisco se le ha atribuido la proeza de haber emprendido una gran reforma, cuando ni siquiera ha rebasado el estadio preliminar de las insinuaciones y de la cosmética.

La explicación reside en su carisma y en sus facultades de telepredicador. Francisco ha logrado un estado de gracia que irrita a los católicos "ortodoxos" y que arroba a los ateos. Un Papa cercano a Cristo y alejado de Dios. Que ha decidido hacerse hombre. Que ha sacrificado el primado. Y que ha renunciado al poder ritual y a la sugestión metafísica para sentirse cerca del prójimo y sentarse en el banco de la feligresía.

Semejante rectificación del privilegio pontificio ha redundado en su reputación de Papa canchero y colega. Y ha deteriorado también su excepcionalidad y su inmanencia. Trivializando el cargo de Pontifex Maximus, Bergoglio incurre en el peligro de vaciar la dimensión litúrgica y de debilitar su poder sagrado. Se le puede tutear a Francisco. Y se le puede confundir con el padre Ángel en la definición del sacerdote de barrio.

Se trata de un malentendido democrático en el contexto de un dogmatismo uniforme. Porque la democracia es el régimen político ideal, pero no tiene oxígeno en ámbitos de la sociedad —el colegio, el Ejército, la Iglesia, el espacio doméstico— expuestos al principio jerárquico, al respeto senatorial, a la gradación de obligaciones y responsabilidades. La reina Isabel II está más cerca de su pueblo cuando más lejos se encuentra. El boato, la forma y la grandeur redundan en su prestigio. Hacen de ella una figura sobrenatural. Como han dejado de serlo nuestros Borbones en sus concesiones a la asimilación —los reyes a los pies de los súbditos— y como puede sucederle Francisco si persevera en su conducta de cura porteño o se recrea en la imagen del cordero rodeado de lobos.

Es atractiva la idea de un pontífice vulnerable. Un príncipe de la Iglesia al que sabotean los susurros de la Santa Sede. Y al que se pretende asesinar porque Francisco representa supuestamente el antídoto providencial al inmovilismo. Fantasea la sociedad con su Papa histórico. Se le atribuyen palabras que no ha dicho ni proezas que no ha hecho. Y se le está haciendo cumplir incluso un programa que no prometió.

¿Es un impostor el papa Francisco? La pregunta aloja matices blasfemos por la corpulencia sagrada del sujeto. Y no requiere una respuesta afirmativa, pero sí invita a cuestionar la canonización en vida que está experimentando Francisco. La suya es una revolución de las formas, una catarsis de las apariencias cuya repercusión ha engendrado el neologismo del "papulismo", una suerte de populismo papal que relaciona a Bergoglio con las homilías buenistas, que fomenta las aspiraciones elementales —la paz y el amor— y que ha sensibilizado a la izquierda agnóstica y atea como encarnación de la demagogia. Francisco es el papa de Podemos. El papa de Maduro y de Kirchner. Una correlación bolivariana de la Iglesia. Un libertador del capitalismo. Un ariete del movimiento ecologista. Y un buen hombre al que hemos convertido en santo porque la impostora aquí es la sociedad.



Arzobispo italiano denuncia que Benedicto XVI renunció tras una conspiración de Soros, Obama y Clinton
Arzobispo hizo referencia a la solicitud de católicos estadounidenses que piden al presidente Trump investigue una conspiración de Soros, Obama y Clinton para deshacercse de Benedicto XVI.
Azobispo Luigi Negri

Luigi Negri , un arzobispo italiano cercano al Papa Benedicto XVI ha denunciado que el gobierno de Obama fue cómplice de  “tremendas presiones” que llevaron al ex Papa a dimitir en 2013.

“No es casual que algunos grupos católicos hayan pedido al presidente Trump abrir una comisión de investigación para investigar qué tanto la administración de Barack Obama presionó a Benedicto”.  Dijo el arzobispo Luigi Negri en una entrevista, citando otras revelaciones de Wikileaks con respecto a Los esfuerzos del Partido Demócrata de manipular a la Iglesia Católica norteamericana.
“Sigue envuelto en un misterio por ahora”, dijo a la prensa Rimini 2.0, “pero estoy seguro de que los responsables serán descubiertos”.

El arzobispo hizo referencia a una carta escrita por un grupo de católicos estadounidenses al presidente Trump en enero pidiendo que se lleve a cabo una investigación sobre una conspiración de George Soros, Barak Obama y Hillary Clinton tras la renuncia del papa Benedicto XVI.

La carta declaraba específicamente que “tenemos razones para creer que un cambio de régimen del Vaticano fue diseñado por la administración Obama “.
Casi un año después de una conversación por correo electrónico dada a conocer por por Wikileaks, sostienen los autores,
“encontramos que el Papa Benedicto XVI abdicó bajo circunstancias muy inusuales y fue reemplazado por un Papa cuya misión es proporcionar un componente espiritual a la agenda ideológica radical de La izquierda internacional“.

En sorprendentes revelaciones, en octubre de 2016, el jefe de campaña de Clinton, John Podesta, había creado falsas organizaciones “católicas” para usar a sus líderes en el impulso de una agenda liberal.

En medio de los cientos de correos electrónicos de John Podesta publicados por Wikileaks, uno contenía un informe de Alianza de Católicos para el Bien Común (Catholics in Alliance for the Common Good), una asociación católica falsa fundada por Podesta para provocar una revolución en la Iglesia Católica.

En colaboración con Breitbart




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