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martes, 25 de abril de 2017

Eloi vs Morlocks reducción humana




Introducción a las noticias adjuntas:
La máquina del tiempo (The Time Machine) es una novela de ficción del escritor británico Herbert George Wells, publicada por primera vez en Londres en el año 1895 por William Heinemann. Consta de dieciséis capítulos y un epílogo.

Los siguientes párrafos del capítulo trece son esclarecedores:
«Me afligió pensar cuán breve había sido el sueño de la inteligencia humana. Habíase suicidado. Se había puesto con firmeza en busca de la comodidad y el bienestar de una sociedad equilibrada con seguridad y estabilidad, como lema; había realizado sus esperanzas, para llegar a esto al final. Alguna vez, la vida y la prosperidad debieron alcanzar una casi absoluta seguridad. Al rico le habían garantizado su riqueza y su bienestar, al trabajador su vida y su trabajo. Sin duda en aquel mundo perfecto no había existido ningún problema de desempleo, ninguna cuestión social dejada sin resolver. Y esto había sido seguido de una gran calma.

Una ley natural que olvidamos es que la versatilidad intelectual es la compensación por el cambio, el peligro y la inquietud. Un animal en perfecta armonía con su medio ambiente es un perfecto mecanismo. La naturaleza no hace nunca un llamamiento a la inteligencia, como el hábito y el instinto no sean inútiles. No hay inteligencia allí donde no hay cambio ni necesidad de cambio. Sólo los animales que cuentan con inteligencia tienen que hacer frente a una enorme variedad de necesidades y de peligros.

Así pues, como podía ver, el hombre del Mundo Superior había derivado hacia su blanda belleza (LOS ELOI), y el del Mundo Subterráneo hacia la simple industria mecánica (LOS MORLOCKS). Pero aquel perfecto estado carecía aún de una cosa para alcanzar la perfección mecánica: la estabilidad absoluta. Evidentemente, a medida que transcurría el tiempo, la subsistencia del Mundo Subterráneo, como quiera que se efectuase, se había alterado. La Madre Necesidad, que había sido rechazada durante algunos milenios, volvió otra vez y comenzó de nuevo su obra, abajo. El Mundo Subterráneo, al estar en contacto con una maquinaria que, aun siendo perfecta, necesitaba sin embargo un poco de pensamiento además del hábito, había probablemente conservado, por fuerza, bastante más iniciativa, pero menos carácter humano que el Superior. Y cuando les faltó un tipo de carne, acudieron a lo que una antigua costumbre les había prohibido hasta entonces (CANIBALISMO). De esta manera vi en mi última mirada el mundo del año 802.701. Esta es tal vez la explicación más errónea que puede inventar un mortal. Esta es, sin embargo, la forma que tomó para mí la cosa y así se la ofrezco a ustedes.»


Las inteligencias artificiales están “aprendiendo” los prejuicios de los humanos
18 Abril, 2017


Los sistemas de inteligencia artificial que “aprenden” el lenguaje a partir de textos humanos copian los sesgos y prejuicios, según revela un nuevo estudio publicado esta semana en la revista Science.
Un grupo de científicos de la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, y de Bath, en el Reino Unido, elaboró un método para medir el sesgo en estos sistemas similar al test de asociación implícita que se usa para evaluar el de los humanos.
En ese test, se pide a la persona que empareje dos conceptos que considera similares, en contraste con dos que considera diferentes.
Las personas suelen asociar, por ejemplo, “flores” con “agradable” mientras que “insectos” lo relacionan a menudo con “desagradable”.
Los científicos, liderados por Aylin Caliskan de la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, analizaron estadísticamente el número de asociaciones entre palabras de los sistemas de inteligencia artificial, con un total de aproximadamente 2,2 millones de palabras en total.
Los resultados demostraron que los sistemas de inteligencia artificial, a pesar de tratarse de máquinas, retienen el sesgo que se puede ver en los humanos.
Por ejemplo, los estudios de comportamiento humano muestran que el mismo currículum tiene un 50 por ciento más de posibilidades de conducir a una oportunidad laboral si el nombre del candidato es de origen europeo que de origen africano. Del mismo modo, los sistemas de inteligencia artificial mostraron tendencia a asociar más a menudo los nombres de origen europeo con estímulos agradables como “regalo” o “feliz”.
Los sistemas también mostraron sesgo de género, ya que palabras como “mujer” o “chica” las asociaron con las artes, por sobre los conceptos de “hombre” o “chico”.
Los autores del estudio sostienen que estos resultados son una herramienta para estudiar los prejuicios y el comportamiento humano, al tiempo que subrayan cómo el lenguaje está ligado íntimamente al sesgo histórico y los estereotipos culturales.

Fuente: EFE


Miguel Jorge 19/04/2017
EEG. Futurism
Un grupo de investigadores en Japón ha desarrollado una tecnología que abre todo un mundo de posibilidades. Una vía capaz de reconocer los números (del 0 al 9) con un 90% de exactitud usando ondas cerebrales o electroencefalogramas (EEG) mientras los sujetos pronunciaban los dígitos.
No sólo eso. Dicha tecnología también ha realizado el reconocimiento de hasta 18 tipos de monosílabos (japoneses) a partir de las señales EEG. En este caso con un 60% de precisión, lo que demuestra la posibilidad en un futuro próximo de una máquina de escribir activada por EEG.
Según explican en su trabajo, los investigadores recopilaron datos EEG mientras se pronunciaban los dígitos y monosílabos japoneses. Hasta ahora, los intentos para la descodificación de la voz de las señales EGG se habían encontrado con dificultades para recopilar datos suficientes como para permitir el uso de algoritmos potentes basados en el “aprendizaje profundo” u otro tipo del llamado machine learning.
Estudio realizado. Toyohashi University of Technology
Por esta razón el grupo de investigación ha desarrollado un marco de investigación diferente, uno que puede lograr un alto rendimiento con un pequeño conjunto de datos de formación. Este nuevo marco se basa en el reconocimiento holístico de patrones en el que se introducen un espacio dual y un espacio tensorial.
¿El resultado? En el experimento de reconocimiento de dígitos hablados a partir de señales EEG se alcanzó una precisión de reconocimiento del 90%. Al mismo tiempo, se alcanzó un 61% de precisión en el reconocimiento de 18 monosílabos japoneses. Según ha explicado el profesor Tsuneo Nitta, investigador principal del estudio, “el próximo paso será desarrollar una interfaz computacional cerebral, una que reconozca los enunciados sin voz”.
De ser así, el grupo dice que estaríamos ante una tecnología que podría permitir que las personas con discapacidades que han perdido la capacidad de comunicarse con la voz, puedan obtener de nuevo tal capacidad. Por si esto fuera poco, la investigación también apunta al desarrollo futuro de un dispositivo que pueda conectarse a un smartphone de aquí a cinco años. Alucinante. [Eurekalert]


Facebook desarrolla una tecnología para que las personas puedan escribir con la mente
Se trata de un dispositivo que usará las ondas cerebrales y el objetivo es que alguien pueda enviar un mensaje a un amigo sin tener que sacar el smartphone del bolsillo.

Suena a ciencia ficción, pero Facebook trabaja en el desarrollo de una tecnología que permita a los seres humanos escribir sus pensamientos sin necesidad de un teclado, mediante el uso de ondas cerebrales, anunció el miércoles en la conferencia F8 la experta de la compañía Regina Dugan.

En concreto, se trata de que uno pueda enviar un mensaje a un amigo sin tener que sacar el smartphone del bolsillo, indicó Dugan en el marco de la conferencia de desarrolladores de la red social en San Jose, California.

El objetivo por ahora es llegar a las 100 palabras por minuto, algo que se podría conseguir en algunos años, según la antigua empleada de la gubernamental Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (DARPA) y de Google.

Dugan puso como ejemplo las investigaciones que se están llevando a cabo en la Universidad de Stanford, por las cuales una mujer que está paralizada puede escribir letra a letra ocho palabras por minuto en una computadora gracias a un electrodo colocado en su cerebro y que no es "más grande que un frijol". Los electrodos reconocen la actividad de las neuronas cuando quieren escribir una determinada letra.
Sin embargo, para el uso masivo de la tecnología no pueden utilizarse los implantes, sino sensores altamente sensibles en la superficie de la cabeza que controlen la actividad cerebral "cientos de miles de veces por segundo al milímetro", explicó Dugan. "Esta tecnología aún no existe. Tenemos que inventarla". En Facebook un equipo de 60 investigadores está trabajando en ello, añadió.
Con el tiempo ya no será necesario formar las palabras letra a letra. Otro efecto colateral será que la gente será capaz de comunicarse en otros idiomas sin necesidad de aprenderlos, dijo. Por ejemplo, el pensamiento sobre una taza podría ser transmitido con la palabra respectiva en chino o en español.
"En el cerebro una taza no es una etiqueta con una palabra escrita encima, sino un objeto creado por el ser humano que se puede sostener con la mano y que sirve para beber líquidos", afirmó la experta. "Un día no muy lejano podría ocurrir que yo piense en chino y usted lo sienta de inmediato en español".



Las máquinas reproducen los sesgos sexistas y racistas de los humanos
18 Abril, 2017
Los sistemas lingüísticos de la inteligencia artificial (AI, en sus siglas inglesas) están por todas partes: en el reconocimiento de voz para mensajes de texto, en unos correctores sintácticos cada vez más agudos, en unos servicios de traducción en línea que cada vez requieren menos edición manual posterior. Los científicos acaban de descubrir que estos sistemas de AI de uso generalizado tienen sesgos sexistas y racistas. No es extraño, porque los han aprendido de nosotros.
El “aprendizaje automático” (machine learning) es un campo de las ciencias de la computación que permite a las máquinas descubrir pautas en los datos masivos preexistentes. Cuando esos datos son textos (libros, artículos, blogs), las máquinas acaban reproduciendo los mismos sesgos sexistas y racistas que estaban camuflados en el lenguaje humano. Esto es lo que acaban de descubrir Aylin Caliskan y sus colegas del Centro de Políticas sobre Tecnología de la Información de la Universidad de Princeton, en New Jersey. Presentan su investigación en Science (artículo de libre acceso).
La mala noticia es que el aprendizaje automático hace que las máquinas reproduzcan la sesgada distribución sexual y racial que los humanos mostramos, de forma inconsciente, en cuestiones tan importantes como la elección de carrera profesional o la selección de candidatos a un empleo. La buena es que el propio método que han desarrollado Caliskan y sus colegas abre la posibilidad de detectar esos sesgos y, tal vez, corregirlos. Pero eso es todavía un tiro muy largo. Lo único seguro es que los estereotipos culturales se propagan a unas tecnologías de AI de uso generalizado.
“Tanto los motores de búsqueda como las redes sociales utilizan texto”, explica Caliskan a Materia. “Pueden hacer ciertas asociaciones basadas en el texto con que se les alimenta mediante sistemas similares al que hemos usado en este trabajo. Pero, puesto que los buscadores, las redes sociales, los juegos de póker o iTunes no tienen código abierto (open source), no puedo hacer ningún comentario sobre la forma exacta en que incorporan el texto en sus sistemas. En cualquier caso, los buscadores y las redes sociales más populares han mencionado que usan estos sistemas para varias tareas”.
Caliskan y sus colegas se han basado en un test para los sesgos humanos desarrollado en los años noventa por el psicólogo Anthony Greenwald, de la Universidad de Washington en Seattle. Se llama Test de Asociación Implícita (IAT en sus siglas inglesas), y constituye la principal fuente de información sobre los sesgos inconscientes humanos. Se basa en presentar pares de palabras a los voluntarios y pedirles que pulsen una tecla si los encuentran relacionados, y otra si los encuentran inconexos. El tiempo de respuesta es muy diferente si existe o no una asociación inconsciente entre esas dos palabras.
Los científicos de Princeton han diseñado un test de asociación implícita para máquinas. En lugar del tiempo de respuesta de una persona, aquí se mide el grado de asociación que la máquina otorga a dos palabras mediante una técnica estadística basada en la coocurrencia de ambas en un texto. El método se llama “encaje de palabras” (word embedding), y es el sistema de uso generalizado en AI al que se refería Caliskan. Los más conocidos son GloVe, desarrollado por científicos de Stanford, y el word2vec de Google.
Con su test psicológico adaptado para máquinas, los científicos han reproducido todos los estereotipos inconscientes que los humanos habíamos revelado antes en el IAT. Algunos no tienen valor moral, como la asociación entre flores y placer, y entre insectos y malestar. Pero los interesantes son los demás, los que sí tienen valor moral.
Por ejemplo, los nombres asociados a los estadounidenses de origen europeo se asocian más a términos placenteros que los nombres típicos afroamericanos. Los nombres de mujeres se asocian más con palabras relativas a la familia que con las relativas a la carrera profesional, y lo contrario ocurre con los nombres masculinos. Las palabras “mujer” o “chica” se asocian más a las artes que a las matemáticas o las ciencias. Más aún: estos sesgos sexistas correlacionan muy bien con el porcentaje de mujeres en 50 empleos (datos de Estados Unidos en 2015).
En resumen, el trabajo indica que, “si construimos un sistema inteligente que aprende lo bastante sobre las propiedades del lenguaje como para ser capaz de entenderlo y reproducirlo, en el proceso la máquina adquirirá también asociaciones culturales históricas, y algunas de ellas pueden ser inaceptables”. Si los científicos de la computación quieren evitar esos sesgos, les queda un montón de trabajo por hacer.
Fuente: elpais.com

ELON MUSK FUSIONARÁ ORDENADORES CON CEREBROS HUMANOS CON “TELEPATÍA CONSENSUAL”
El fundador y director ejecutivo de Tesla, Elon Musk, ha informado que su última empresa Neuralink está trabajando para vincular el cerebro humano con una interfaz de computadora, a través de la “telepatía consensual”.
Según explica Musk, Neuralink está tratando de sacar al mercado un producto que ayude a personas con ciertas lesiones cerebrales graves por accidentes cerebrovasculares, cáncer, etc.
Lo hará durante los próximos 4 años mediante la creación de dispositivos de tamaño micrométrico, y si todo va bien, dentro de unos 8-10 años la tecnología será accesible también para personas sin discapacidades.
La idea del también fundador de Tesla y SpaceX es implantar pequeños electrodos en el cerebro de las personas los cuales puedan cargar y descargar pensamientos. Esto logrará que los pensamientos puedan ser transcritos en sistemas informáticos sin necesidad de mover el cuerpo. Dicho de otro modo, es algo así como dictar un mensaje de texto con la mente.
Según Musk,
“Hay un montón de conceptos en su cabeza que su cerebro intenta comprimir en esta base de datos increíblemente baja llamada discurso o escritura. Y si tuviera dos interfaces cerebrales, podría ejercer una comunicación conceptual directa, sin comprimir, con otra persona”.
El multimillonario considera que la inteligencia artificial y el aprendizaje automático crearán ordenadores tan sofisticados y “divinos” que los humanos se tendrán que implantar “cordones neuronales” en sus cerebros para mantenerse al día.
Según Musk, si una persona tuviera que comunicarle un concepto a otra, utilizaría esencialmente la telepatía consensual.
En marzo, el Wall Street Journal informó que Musk había puesto en marcha una empresa a través de la cual las computadoras podrían fusionarse con el cerebro humano.


"Hay canibalismo": la confesión sobre Venezuela que estremeció a Mirtha Legrand
El país de Nicolás Maduro está sumido en el desastre y los exiliados dan atroces testimonios
domingo, 23 de abril de 2017
BUENOS AIRES (Redacción) - La artista venezolana Azabache visitó a Mirtha Legrand y reveló detalles terribles del drama que vive Venezuela, su país. "Hay canibalismo", detalló. Mirá el video al final de la nota. 

La cantante de Venezuela visitó el programa de Mirtha Legrand el sábado por la noche y no pudo eludir el tema de la delicada situación política, social y económica que atraviesa su pueblo, al mando del polémico chavista Nicolás Maduro. 

Si bien la artista está radicada en argentina desde hace dieciocho años, la cantante está muy al tanto de la situación que le toca atravesar a su país natal.

"Hay más de 3 mil tuiteros presos. Hay más de 350 mil asesinatos en 18 años. En 2016 más de 10.500 bebes recien nacidos muertos y 700 madres" detalló. "Hay un 98% de impunidad y un 85% de pobreza. Hay más de 3 millones de personas comiendo de la basura", finalizó.

Luego, llegó la declaración más impactante de toda la noche en el programa de la diva. "Hay canibalismo en las cárceles y 2 millones de exiliados" continuó, comovida, ante una mesa que la escuchaba atentamente, horrorizada. 


Los zombies como metáfora de la humanidad en el siglo XXI: muertos vivientes y esclavos de la moda
Como todos sabemos, al menos desde hace algunos años, los zombies están de moda alrededor del mundo. Películas, juegos de video, muñecos, etc. Los muertos vivientes andan por todos lados. Desde luego, no hablamos del fenómeno vudú desarrollado a lo largo del siglo XVII por los esclavos negros llevados a las Antillas desde Dahomey (en el África occidental), y cuyos descendientes actuales siguen practicando diversas tradiciones rituales de lo que comúnmente se ha dado en llamar como “santería” y que han hecho famoso a Haití, como el país origen de la creencia en los zombies.
No, no hablamos de este tipo de zombie, sino de una especie terrorífica, creada por Hollywood, cuyo éxito en el imaginario social contemporáneo es digno de tomarse en cuenta. ¿Cuál es la causa de esta “fiebre zombie” que hoy en día nos azota?, ¿por qué los zombies están de moda?
Es curioso que hablemos de moda zombie. El sentido primario, desarrollado en las Antillas, era el de un sujeto cuya voluntad está a merced de un hechicero, un brujo, que le esclaviza sin que la víctima pueda hacer nada contra ese letargo. La magia vudú permitía este control de un cuerpo a distancia. En realidad, el hombre que no se pertenece a sí mismo, y cuya voluntad está a merced de otro, ha sido por antonomasia la definición del esclavo: nos dice Aristóteles, desde el siglo IV a.C.: “esclavo es quien no se pertenece a sí mismo”. Bien podríamos entender al zombie antillano bajo esta categoría, que por cierto, me parece fecunda. Ya volveremos sobre ello.
Pensemos en el zombie actual, que todos conocemos: el zombie creado por la gran industria cinematográfica presenta notables características. Su descripción “etnográfica” no parece ofrecer mayores dificultades: además de ser un muerto viviente, es decir, un cadáver capaz de moverse, caminar e incluso correr (trastocando el orden cósmico prevaleciente entre cualquier sociedad interesada en dejar bien claras las fronteras entre vivos y muertos), el zombie hollywoodense condensa las características más atroces imaginables para la moral de Occidente: es caníbal, tiene un apetito feroz por la carne humana viva, mas el contacto con su saliva es mortal pues sus víctimas son infectadas con el mismo mal, de manera que se convierten en zombies también. Se trata de cadáveres al acecho de la vida.
Para colmo, no operan en función de ningún principio racional individual: no tienen conciencia alguna, son autómatas en constante búsqueda de seres humanos para devorar. No se puede negociar con ellos: no hablan ni parecen tener voluntad propia, no forman entidades políticas ni sociales reconocibles, son simplemente masa de cuerpos indiferenciados, corruptos y corruptores, sin mayor propósito que matar a los seres humanos “normales”, y tornarlos como ellos. Quizá lo que resulte aún más espeluznante es que este zombie, al carecer de conciencia, tampoco posee voluntad individual; se trata de un ente reducido a un mero cuerpo pútrido que obedece a una voluntad de masa, una multitud devoradora e incontenible que se mueve con la misma lógica de un ejército de hormigas: no hay individuos, solo masa.
Peor aún, puesto que estos seres ya están muertos, tampoco se les puede matar definitivamente, como suele suceder en casos análogos con enemigos mortales potencialmente exterminables (árabes terroristas, rebeldes vietnamitas, etc.). Desde el punto de vista bélico-hollywoodense, ¿puede haber algo peor que un enemigo que ya está muerto?
Por cierto que el zombie reúne así antiguos terrores medievales con los viejos miedos del liberalismo burgués decimonónico, un miedo a los otros que se edificó a finales del siglo XVIII con respecto a numerosos pueblos indígenas cuyo género de vida resultaba (y resulta ahora) tan chocante para el liberalismo burgués: el miedo a las colectividades “sin ley, lenguaje ni Estado” (todos sabemos que no existe un Estado Zombie, no tienen gobierno ni lenguaje, tal como se decía de los pueblos indios americanos); también se advierte el miedo a los grupos humanos donde el factor individual no es el más pertinente (y en el que volvemos a reconocer un asomo de la otredad indígena).
Por otro lado, el zombie también condensa miedos más modernos: el miedo al contacto “infeccioso” con aquellos pueblos exóticos que mejor sería mantener al interior de un cerco sanitario, a fin de impedir que su género de vida, costumbres e ideas “contamine” a los propios (y en el que podemos reconocer fácilmente el dispositivo-cerco sanitario aplicado a los barrios obreros del siglo XIX, o bien al barrio judío hecho por los nazis, y las tentativas para “contener” zonas urbanas “rojas” llenas de prostitutas y homosexuales). En una palabra, el zombie es un peligro antropomorfo (igual que un extraterrestre malvado) con el que no se puede tratar humanamente: es el otro desprovisto de cualquier calidad humana (o debiéramos decir, cualquier cualidad burguesa).
Al final, la amenaza zombie da la pauta a las futuras interacciones: tal como sucedía con los “indios salvajes” del pasado, no hay otra manera de tratar con los zombies que destrozándolos. Después de todo, indios salvajes y zombies se reproducen sin control. De esta manera el otro (sea el indígena amazónico, el aborigen australiano, el negro africano, y todo aquel cúmulo de pueblos tradicionales explotados por el capital), devienen un peligro mortal para la supervivencia del burgués bien educado. ¡Oh qué tiempos aquellos en que el poder colonial podía aniquilar aldeas irrespetuosas! A esa añoranza, es que responde la emergencia del zombie contemporáneo. El zombie de nuestros días ofrece a la actual moral de Occidente la oportunidad de aniquilar multitudes sin remordimientos.
Ahora bien, lo más aterrador del caso zombie, es que parece presentarnos un cruel espejo de nuestra propia sociedad capitalista. Veamos: es el zombie, el autómata irreflexivo, aquel que no se pertenece a sí mismo, el más claro correlato de un moderno esclavo: el Amo convertido en esclavo de los objetos que construye, tal cual lo enunció la filosofía hegeliana. El zombie autómata de nuestros días, tiene mucho que enseñarnos sobre el peor de nuestros miedos: el miedo a que sea real en nuestras vidas. Se trata nada menos que del hombre enajenado descrito por Marx, aquel cuya autopercepción, su auto-reconocimiento y auto-conciencia, están atravesados, instrumentados y controlados por un otro, en este caso, el capital.
Hace siglo y medio Marx señalaba el hechizo místico del capital, que despojaba a los hombres de la capacidad de reconocerse como sujetos, forjadores y creadores de su propia realidad: las cosas, las mercancías y las capacidades tecnológicas, parecían asumir (para una humanidad enajenada, despojada de sí misma), el papel activo de la historia. Vemos así al sujeto kantiano, el Amo hegeliano sin duda, convertido ahora en objeto de sus creaciones: el fetiche, el objeto, la mercancía, el dinero: el Capital convertido en Dueño y Señor de los seres humanos, de la Tierra y de la vida toda. Hoy en día, asistimos como autómatas, como testigos pasivos, zombies, ante los despliegues más brutales del capital y su fetichismo tecnológico, cuya única divisa es su propio avance, su crecimiento, aunque sea sin seres humanos y sin vida. Pues como cualquier zombie, la voracidad capitalista devora irreflexivamente la vida.
Una sociedad que ya no compra para vivir, sino que vive para comprar, que vive para trabajar, que vive para el capital, es una sociedad que no se pertenece a sí misma: está enajenada. La impotencia de nuestras sociedades es análoga a la de una tuerca, que mira impotente el camino al precipicio y el derrumbe de la locomotora a la que está unida. Pero esta es sólo la actitud de un sujeto que cree ser objeto y asume los intereses del capital como propios. Una sociedad zombie.
El problema es que la “infección” de este género de existencia, está profundamente arraigada: desde la publicidad y la mercadotecnia, hasta la elaboración de “perfiles” en Facebook, tienen esta notable facultad de empatar los intereses del Yo con los intereses del capital: compro, me vendo, luego existo. El principal vehículo mediante el cual el capitalismo inoculó esta no-conciencia zombie, fue precisamente el placer y la autosatisfacción del individuo, un individuo voraz, sediento de satisfactores inmediatos: paradójicamente, mientras más se exalta la individualidad y preponderancia del Yo, más se le controla, pues es la industria capitalista la que más ha invertido en ofrecer los medios y términos con que el Yo debe ser “adecuadamente” exaltado. Vemos aquí al sujeto convertido en esclavo de los objetos que produce y consume, sujeto a la dinámica e inercia de su industria.
Es así que el ritmo vertiginoso de la civilización contemporánea, aniquila la voluntad de millones de personas, obligadas a mantener la maquinaria capitalista funcionando aunque en ello se juegue la vida del planeta. Una multitud autómata que depreda sin conciencia ni control, es precisamente la característica de las sociedades de masas, la multitud enajenada que consume alegremente la droga que le asesina. Comprar, producir, consumir, opinar y mimetizarse con la masa, serán las exigencias de esta voluntad ajena que impone su ritmo voraz. No falta un despistado que olvide llevar el último modelo del teléfono de moda, para que una multitud “lo devore” y le obligue a mimetizarse con ella, poniéndolo a la moda que el capital desea. En este sentido, no habría nada más zombie que la moda. Y peor aún, nada más zombie que la moda zombie.

 

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